Siempre me da miedo que alguien me empuje cuando se acerca el metro, también me da miedo que el demonio de la perversidad se apodere de mi y termine avanzando por voluntad propia, como en esas historias donde el propio asesino se delata. Me da miedo hacer algo malo y no poder olvidarlo, también temo no poder olvidarte a ti.
"¿La sigues viendo?" Y no te lo preguntaré, después de todo, no tienes porqué darme explicaciones, si no lo hacías antes, ¿por qué habrías de hacerlo ahora? Y me siento mal, reemplazable, con ganas de deshacerme del tiempo libre pero al final no hago nada, porque tengo la sensación de que si me muevo no será para bien. Y no encuentro razones para que te quedes, no sé qué puedo darte a cambio, tampoco sé qué viste en mí en aquel entonces y cuándo dejaste de verlo, no encuentro motivos para quererte ni tampoco para dejar de hacerlo. A veces imagino tu vida y mi vida, no tenemos nada en común, nuestro tiempo en conjunto pasa desapercibido. Tu casa me causa la misma sensación que tenía Felipe Montero en Aura, eres un misterio, eres Aura, no sé nada de ti, y me dejas mil preguntas que no respondes, eres silencio, sin vida, y tienes la eternidad en ti. Encontrarte degollando a algún animal en la cocina, y siento que debo salvarte, sacarte de ese extraño lugar y devolverte lo que has perdido con los años. Sería más fácil dejarte así, devolverte la antigua etiqueta celestial, cuando no esperaba nada de ti, ¿quién es Consuelo?
Eran las dos de la mañana cuando olvidé cómo restar, una hora después abrí la calculadora para poner la alarma. No te sorprendas si puse un apellido con G en la letra F y que por un instante no te haya pensado.